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Acerca del aspecto Lunar de Virgo

Se dice que “para toda acción hay una reacción igual y opuesta”. Eléctricamente, toda polaridad cargada consiste en un par de estados opuestos que contienen una carga positiva (excitación) y una carga negativa (resistencia). Estos opuestos complementarios son creadores de vida; por lo que toda manifestación de energía es dual. Cuando comenzamos a educarnos en percibir ambos polos a la vez, es decir, la relación dinámica entre los polos como unidad y no como dos partes separadas y en contradicción irreconciliable, se abre la posibilidad de nuevos significados ante lo que anteriormente resistíamos (carga bioeléctrica negativa) o deseábamos (carga bioeléctrica positiva). La polaridad energética contiene implícita tres modalidades de relación entre sí: 1. que aquél domine a este 2. que éste domine a quel 3. que los dos tengan un balance dinámico. Las primeras dos modalidades hablan de que solo uno de los polos puede ser, a diferencia de la tercera modalidad presentada en cual ambos polos co-existen.

Las emociones, en su aspecto más básico, están ligadas a los instintos territoriales y de pertenencia: demarcan, separan, lo tuyo- lo mío. Psicológicamente, nuestro territorio es nuestra identidad, aquella construcción conocida desde la cual respondemos a la realidad; o, más bien, nos protegemos de la realidad. Proteger el territorio de la identidad implica llevar nuestra observación hacia fuera, una mirada al acecho que defienda lo interno. Una observación animal.

 



 

En Astrología, el plano emocional está asociado a la Luna. La Luna representa, a modo general, el territorio interno y vulnerable que necesita ser protegido y nutrido en orden de que pueda crecer; como también los sentimientos y patrones psicológicos automáticos y, en gran parte inconscientes, que se establecieron en el pasado.

La Luna, en su asociación como planeta regente de Cáncer, es la emoción como territorio de la identidad, la psique identificada con un manojo de sentimientos que excluye aquello que amenaza la supervivencia de esa imagen interna, potenciándola y definiéndola. Si estos sentimientos automáticos son impresiones del pasado, podemos deducir que la imagen a cual asociamos la identidad estará también anclada en la memoria. Si continuamente la respuesta que damos al destino cotidiano tiene sus bases de referencia en proteger la continuidad de esta imagen en la memoria, deviene una nueva deducción: la repetición del futuro.

En términos bioenergéticos esotéricos, podemos decir que la energía sube desde los instintos del subconsciente animal hasta el plexo solar y hace tope allí, quedando bloqueada.
Al entender los chakras como centros energéticos de percepción, expandir la conciencia es activar nuevos centros, los llamados chakras superiores, que, en la anatomía sutil, se encuentran por sobre el plexo solar. Es decir, se comienzan a percibir nuevos planos de información de la realidad, la experiencia ya no es lo que era sino que incluye mucho más y la complejiza. El campo de la experiencia se amplifica al sensibilizarnos a corrientes energéticas que antes permanecían ocultas a la consciencia. La experiencia de estas corrientes energéticas son muy concretas, se sienten somáticamente y abren nuevos significados respecto al propósito de la experiencia y la sensación que ésta gatilla y refleja en el cuerpo.
Por lo tanto, al sentir la energía de la emoción sin descargarla ni reprimirla, el flujo de energía que es la emoción puede seguir desplegándose y realizar los movimientos necesarios para que el proceso que necesita consumarse, pueda hacerlo.

Entonces, si las respuesta preprogramadas crean una realidad repetitiva pero, al mismo tiempo, la reacción sucede automáticamente más allá de la voluntad, ¿podemos reaccionar sin emitir la energía de la reacción? ¿Podemos utilizar la voluntad no en controlar la reacción sino en contenerla, acompañarla? Así como una madre contiene en su útero una nueva vida. ¿Podemos gestarnos y que esa gestación cree algo nuevo? Desconocido? ¿Podemos sentir la energía que somos sin reaccionar a nosotros mismos?
Al contenernos, estamos dando un límite a la proyección de la energía hacia fuera.

El ejercicio de la contemplación del funcionamiento de estos patrones automáticos defensivos, equivale a sentir la reacción instintiva sin descargarla ni reprimirla, dando espacio para que esta fuerza que es la emoción abra nuevos espectros de percepción. La fuerza de la reacción es la misma fuerza de la sanación. Ampliar nuestra percepción y registro de la experiencia de manera que se actualice en sintonía y coherencia con el ser profundo, ampliando la conciencia de la realidad y posibilitando respuestas nuevas ante los hechos cotidianos. En palabras de Novalis: “El asiento del alma es el punto en que se encuentran los mundos interno y externo.”



Ir más allá y atravesar la identificación con las formas de nuestros sentimientos o, dicho de otra manera, que la identidad pueda incluir el misterio de la existencia, es el inicio de comenzar a identificarse con ese aspecto divino e inmortal. Enfrentarse a los límites de nuestra territorialidad psíquica para dar espacio a nuevas posibilidades de experiencia que no estén delimitadas por una identidad predefinida por las sensaciones del pasado, implica coraje. Abrirnos a que las nuevas posibilidades de realidad emergan del misterio y no de la memoria, implica coraje.
En este espacio sagrado de reunión de los polos, aquello que mantenía los polos energéticos en contradicción deviene en ondulación, ciclos, ritmos, vibración. Al mismo tiempo que la Luna deja de ser condicionamiento para volverse posibilidad, se transforma alquímicamente en sustancia que posibilita el Ser Solar, que no es Ser alguien en particular sino que es la emanación de entregar aquello que se recibe.

Así como la Virgen recibe al Espíritu Santo y concibe en sí a Cristo.
La Luna asociada a la Virgen, que es uno de los símbolos de Virgo, que no están directamente asociado al regente tradicional que es Mercurio.

Virgo es la gestación del amor,
la gestación del amor, trae orden.

En Virgo podemos darnos cuenta que el orden es una gestación y no una categoría de la mente. Virgo es la conciencia del continuo proceso cíclico que es la vida, y que lo que calma el vértigo de estar constantemente yendo hacia lo desconocido es la paciencia, el Sagrado Om.
La Paciencia es Gestar en sí mismo el Amor.
La Paciencia es la tierra fértil para que las reacciones de la memoria se transformen en fuerza creadora.

De esta manera, el plano emocional progresivamente se va convirtiendo en ancla de la cada vez más veloz percepción de patrones interconectados, aumentando la capacidad de sentir e incluir, volviéndonos testigos del surgimiento de una comprensión mucho más abarcativa de la realidad, que reconoce patrones y niveles de realidad mucho más complejos, y que nos invitan a reconocernos como partes de un movimiento mayor que es la humanidad.

Somos el cuenco en donde las paradojas y las energías aparentemente contradictorias del Ser y la vida comienzan a entrelazar armónicamente. Somos el espacio de gestación de la nueva vida que la paradoja crea. No hay nada más que podamos hacer para que la consumación se realice, y la energía se re-cree.

Somos Mercurio: La humanidad fusionando el mundo invisible y el visible a través de la sustancia emocional, que es lo que nos hace uno como raza.

 

Soledad Davies

Febrero 2017

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Soledad Davies

https://soledaddavies.com
Astróloga / Psicoterapeuta / Investigadora / Divulgadora

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2 comments


  1. Increíble como la sincronicidad (y de alguna manera, el Tarot) me ha traído a éstos textos tan nutritivos para mi proceso de reconocer-me.

    Infinita gratitud por tu camino. Saludos desde San Juan de Pasto.

    Mateo

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