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La Escucha

Tengo dos orejas y, por ello,
doy por supuesto que escucho.
Pero,
Escucho verdaderamente?

Escucho sin opinar? Sin tomar una postura de si estoy o no de acuerdo respecto a lo que se expresa? Escucho simplemente escuchando?
Con cada una de las células, escuchando.
El tejido molecular que se relaja y se abre a ser penetrado por la experiencia.

Escucho los movimientos de las sensaciones del cuerpo sin etiquetarlas? O rápidamente intento controlar esta oleada de no sé adentro del cuerpo que irrumpe y desordena la secuencia programada de mis planes para llegar a ser quien creo que soy. Es absurdo. Tan absurdo como querer atrapar el viento en la palma de mi mano.
Sólo contaba con un catálogo muy básico de las emociones conocidas hasta el momento, registradas en la historia de la humanidad, con un montón de notas al pie que de tan caóticas que se muestran, se han vuelto ilegibles al ojo común.
Yo no sé si a ud le a pasado, pero siento que el menú se me disuelve y se desborda en ríos de tinta.
Ya no encuentro en el menú la justificación necesaria que me alivie la culpa de sentir.

Escucho realmente?
O escucho para continuar la continua continuidad de los pensamientos? El eterno diálogo de una idea seguida de otra idea.
Yo sufro de las ideas. Mi mayor enfermedad ha sido este torrente insoportable de abstracciones, vínculos, patrones y geometrías. No se si a ud le ha ocurrido, le ha ocurrido? Dígame, por favor. ¿Ha sentido el profundo dolor que encierra el pensamiento?
La locura o la rendición.
Paradójicamente, la rendición necesita piernas enraizadas, flexibles al continuo autosacrificio de silenciarse.
Si,
No hay mayor sacrificio que el silencio.

Que en paz descanse quien en vida muere.
Ese descanso de no necesitar entender el torrente de abstracciones y patrones. Gracias gracias. La mente humana, por más cualidad abstracta que ésta posea, no es capaz de comprender la lógica de la lógica de la lógica. Y ahí vamos de vuelta, la secuencia infinita. El pensamiento que entra al fractal queriendo entenderlo está condenado a la locura, o por lo menos a una excitación agotadora. No hay nada que entender, sólo observación. La comprensión no es del ámbito de la mente del pensamiento, aunque la incluye. El resto es proyección de significados aparentes que me dan el alivio de creer estar entendiendo algo y así dar continuidad a una falsa sensación de seguridad anclada en una creencia, la creencia más peligrosa: la creencia de creer que yo soy alguien completo en mi mismo.

Cuántas mutilaciones han sido necesarias para comprender lo que cada tanto olvido, y que no tiene contenido. No es ninguna comprensión es sí misma, más bien es un estado de relajación y plenitud en medio del sin sentido.

Un estado de escucha
Suave y vibrante

Es posible eso?
Si y no. No es posible en términos de poder llegar o alcanzar ese estado de plenitud en medio de sea lo que sea que esté ocurriendo, de ser incendiado completamente por la experiencia. No soy alguien que tiene una experiencia, sino que soy el soporte en donde la experiencia se experimenta. Plenitud es consumación.

Creía que la observación era simplemente ver,
pero no.

La observación es escucha.
Aquello que ve,
no son mis ojos.

Soledad Davies
www.soledaddavies.com

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Soledad Davies

https://soledaddavies.com
Astróloga / Psicoterapeuta / Investigadora / Divulgadora

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