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Trama y Singularidad

A través de los modelos científicos actuales la organización subyacente, de la cual ya nos hablaban los antiguos, se va haciendo cada vez más evidente; y podemos observar un marco de organización en todas las escalas del universo.

Siendo la biología humana un fractal de esta organización. No solo somos participantes del flujo cósmico como si fuésemos algo puesto en la trama, sino que somos la trama misma, somos el tejido, la interfaz en donde una experiencia humana sucede y es capaz de transformar las frecuencias a través de la cualidad con la que tales frecuencias son sentidas y observadas. Es decir, somos un punto de observación dentro de la trama universal; y la materia es la expresión visible y densa de la luz, la forma que toma una idea para que pueda manifestarse, siendo la materia el punto de retorno a partir del cual la luz puede doblarse hacia si misma y conocerse, somos conciencia aprendiendo de si misma.

Cada una de nuestras células reciben y emiten luz, intercambiando información con el espacio (de manera local y no local). El espacio es el almacén de toda la memoria de la evolución del universo, todos los pensamientos, sentimientos, experiencias de toda la humanidad están grabadas en el espacio, porque eso es lo que hace nuestro cerebro: grabar. La conciencia planetaria, que es la conciencia de que soy uno con la humanidad, implica el darnos cuenta que aquello que siento, pienso y actúo, y que me daba identidad, son patrones ancestrales de conducta que venimos repitiendo automáticamente. Ser uno con la humanidad es reconocer la construcción grupal de un yo colectivo, al mismo tiempo de la inexistencia de un yo personal.

La expresión de la singularidad de aquello que nos hace únicos responde a un orden mayor de organización interhumana-social; que comienza por una profunda resignificación de los valores de competencia por cooperación, e independencia por interdependencia. Sin embargo, el reconocimiento del código lumínico singular, el acorde único que es nuestro aporte particular dentro de la armonía universal, implica atravesar y quemar los patrones ancestrales en cada uno de los planos que construyen la ilusión de identidad. El verdadero proceso de liberación del karma implica un incendiarse por completo. Sentir la fuerza vital del fuego al mismo tiempo que la mente reposa en la calma del océano. Y a medida que la densidad transmuta en gas, nuestra percepción asciende a una nueva octava de sensibilidad, y podemos comenzar a presenciar directamente la holodinamia del flujo que somos, sin intermediarios, sin distorsión, sólo lo que es.


Soledad Davies
soledaddavies.com

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Soledad Davies

https://soledaddavies.com
Astróloga / Psicoterapeuta / Investigadora / Divulgadora

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